La rentabilidad política se puede entender de varias maneras. Una de ellas se refiere al éxito que un determinado partido político obtiene en las elecciones dependiendo de sus acciones realizadas previamente, es decir, como resultado de lo popular o impopular que hayan resultado sus propuestas o sus acciones.
De esta manera, la mayoría de los partidos y de los políticos están siempre midiendo o calculando sus quehaceres, compromisos y decisiones con base en los resultados que los mismos les darán en el ánimo de los votantes; por eso, siempre le otorgan más valor a lo que es bien visto en el corto plazo sobre lo que es correcto para el futuro. Esto es lo que hace la diferencia entre un político común y un verdadero estadista.
Winston Churchill decía que “el político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones”, lo cual me parece una gran verdad. El estadista siempre debe estar por encima de los intereses particulares o de un determinado grupo para buscar permanentemente el bien común, sin importar que sus determinaciones puedan resultar dolorosas para la sociedad en un principio.
Pensemos por un momento en lo que los padres y madres de familia responsables hacen con sus hijos. Desde que son niños les inculcan valores que siempre son correctos, pero difíciles para la mayoría de llevar a cabo, como decir la verdad o no tomar las cosas ajenas. Después los mandan a la escuela y los hacen cumplir con sus tareas muchas veces en contra de su voluntad. Más tarde, cuando son adultos, les piden cumplir con ciertos horarios o bien trabajar para ayudar a los gastos de la familia.
En todas estas etapas, los papás y mamás siempre enfrentan la incomprensión y el rechazo de sus hijos, pero al final, en el futuro, consiguen formar hombres y mujeres de bien, responsables y útiles a la sociedad y a su país. Es duro, pero el resultado es sumamente gratificante.
De esta forma es como debemos también ser los políticos en nuestro diario actuar, de tal manera que siempre nos ocupemos del bienestar de los de ahora y de los de mañana en lugar de preocuparnos por ser populares sólo hoy sin pensar en lo que pueda venir después. No debe importarnos ser incomprendidos por tomar decisiones impopulares ahora, si en el fondo tenemos la seguridad de que estamos haciendo lo correcto para que todo esté mejor en el largo plazo. Ese debe ser nuestro verdadero compromiso.
El dejar de valorar todo por su “rentabilidad política” inmediata y comenzar a tomar decisiones con visión de largo plazo también nos ayudará a borrar la mala imagen que los políticos mexicanos tenemos y que por muchos años se ha fortalecido por la falta de rendición de cuentas y la ausencia de resultados. Afortunadamente, todo ha venido a mejorar gracias a las acciones valientes y de verdadero estadista que el presidente Enrique Peña ha realizado en su mandato.
*Coordinador del Partido Verde en la Cámara de Diputados












