La reciente caída de Nemesio Oseguera Cervantes, alias «El Mencho», ha trascendido la esfera de la seguridad pública para convertirse en un sismo político de alto nivel en la relación bilateral entre México y Estados Unidos.
Lejos de ser una acción fortuita o rutinaria de las fuerzas armadas, la operación contra el líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) responde, según fuentes de inteligencia, a una exigencia ineludible desde el norte.
Héctor Berreyés, exagente de la DEA y figura clave en la histórica «Operación Leyenda», ha revelado que este desenlace fue precipitado por un ultimátum directo de la administración de Donald Trump hacia la presidenta Claudia Sheinbaum.
De acuerdo con el análisis de Berreyés, las agencias de inteligencia estadounidenses, incluyendo la DEA, el FBI y la CIA, poseían la ubicación exacta del capo desde hace tiempo, pero la ejecución del operativo se mantenía en pausa por dinámicas políticas.
La situación cambió drásticamente cuando figuras de peso en Washington, como el secretario de Estado Marco Rubio y el propio Donald Trump, colocaron a la mandataria mexicana en una encrucijada diplomática.
La advertencia fue tan clara como contundente: «O actúas contra el Mencho o actuamos nosotros», una frase que implicaba la violación de la soberanía nacional mediante la incursión de tropas estadounidenses si el Estado mexicano no mostraba resultados inmediatos.
Berreyés señala que el desafío no es solo externo, sino interno, dado que la mandataria debe operar dentro de un sistema donde los tentáculos del narcotráfico han penetrado estructuras castrenses y, presuntamente, niveles de su propio gabinete. La amenaza de una intervención extranjera directa aceleró los tiempos políticos, obligando a una acción que, bajo otras circunstancias, podría haberse postergado indefinidamente.
Berreyés sostiene que Estados Unidos posee expedientes detallados sobre la «narcopolítica» en México, que incluyen datos comprometedores sobre supuestos sobornos recibidos por expresidentes como Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador.
Finalmente, surge una interrogante inquietante sobre el desenlace del operativo: ¿fue el objetivo capturar al criminal o silenciar al testigo? Berreyés lanza una advertencia a investigadores y analistas, instando a determinar si «El Mencho» fue abatido en un enfrentamiento legítimo o si su muerte fue necesaria para evitar que, en un eventual juicio, revelara la profundidad de la corrupción política en México.
Según la experiencia del exagente, a los sectores corruptos del sistema no les convenía bajo ninguna circunstancia que el líder del CJNG fuera capturado con vida, pues su testimonio podría haber desestabilizado a la clase política nacional.
Con información de Debate
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