Escuchando la voz de las calles

Escuchando la voz de las calles

Estando en campaña para lograr las 74 mil firmas que requiero para ganar el derecho a competir contra todos los partidos para estar en la Asamblea Constituyente como diputado, he escuchado con atención la visión de muchos ciudadanos sobre el proceso y los impactos que pudiera tener para la capital. En las calles de la ciudad estoy escuchando una voz potente, crítica y desasosegada.

Lo primero que queda claro es que abunda el desconocimiento sobre la Reforma Política para la ciudad y las razones por las que el Congreso de la Unión la aprobó. No sólo eso: se desconocen los posibles contenidos y alcances que pudiera tener una nueva Constitución para la Ciudad de México. La inquietud se comparte: ¿es una Reforma Política para los partidos o para los ciudadanos? ¿En qué le va a servir a la gente para garantizar una mejor calidad de vida?

Cuando los capitalinos que se han acercado a nuestra campaña callejera escuchan que se está promoviendo una candidatura independiente, desvinculada de cualquier partido, se despierta inmediatamente el interés o, por lo menos, la curiosidad. Una frase que escucho frecuentemente es: “Si no eres de ningún partido, firmo por ti…”. ¿Tan desacreditados están los partidos políticos en la Ciudad de México? La muestra a boca de calle indica que así es. Han firmado por mi candidatura personas que no me conocen, pero dan su aval gustosamente a un independiente. Es una extraña y abrupta forma de confianza que, lo confieso, me estremece. También es una muestra no sólo del descrédito partidista, sino también de la búsqueda, a veces a ciegas, que está dispuesta a hacer la gente para encontrar algo distinto al sistema político conocido y reprobado.

El hecho de empezar a discutir y aprobar la primera Constitución de la Ciudad de México significa una sola cosa. Que todo está a debate. Abre un inesperado espacio de reflexión sobre el futuro de la ciudad. Se tiene que evaluar la utilidad y eficacia de la estructura política interna de la ciudad, al igual que las políticas de urbanismo, seguridad pública, sociales, de participación ciudadana, inclusión y sustentabilidad, al igual que el futuro de la metrópolis que da vida a la urbe que habitamos. Se tienen que definir las nuevas reglas de convivencia y de cómo acordar decisiones entre mayorías y minorías. La tarea es enorme, delicada, histórica. De ahí la importancia de la inclusión de voces que, ajenas a los partidos, sin embargo, gozan de legitimidad entre esa gran población que no se siente representada por los partidos políticos. Imposible, en este caso, hablar de mayorías y minorías con certeza.

A pesar de que en la reciente elección —en junio del año pasado— no tuvieron mayor presencia y notoriedad las candidaturas independientes, es de observarse cómo, ahora sí, brota el interés por esa forma de representación parlamentaria. Una explicación parcial tiene que ver con el hecho de que existe cierta repulsa popular ante la eventual presencia de 40 diputados nombrados por poderes fácticos, sin elección popular. Esos 40 bien podrían resultar un lastre para la legitimidad de los acuerdos de la Asamblea. Otro factor es el efecto demostrativo de lo que ocurre en estados en procesos electorales con muchos candidatos independientes. La influencia se ha sentido: ¿si ellos pueden, por qué no nosotros?

                Twitter: @rpascoep

                Facebook/RicardoPascoePierce

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Source: Excelsior

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