¿Esperamos al resto del mundo, o lo dejamos todavía más atrás?

¿Esperamos al resto del mundo, o lo dejamos todavía más atrás?

Los elementos que conforman el discurso oficial en uno u otro país dicen más —en no pocas ocasiones—, que las palabras que pronuncia el gobernante. Tanto la forma como el contenido del discurso oficial, son piezas centrales para realizar un análisis objetivo de la gobernación.

¿Qué dicen el gobernante y sus funcionarios en sus intervenciones públicas? ¿Qué los legisladores afines, y los dirigentes de los partidos que lo llevaron al poder? A esos qué, podríamos agregarles, para refinar los bordes toscos de las conclusiones, algún cómo y el obligado ante quien lo dicen.

No pretendo llevar a cabo en esta colaboración, un exhaustivo análisis de contenido del discurso oficial, hoy vigente en México o en algún país de América Latina aunque, debo aceptarlo, ganas no me faltan. Las razones son simples; una, la tarea me rebasa: no soy especialista en ese campo y la otra, el espacio no da para ello. Sin embargo, ¿imagina usted analizar a cabalidad el discurso oficial de México y Venezuela, Cuba y Nicaragua, y el de Ecuador y Bolivia?

¿Qué conclusiones podríamos extraer, de llevar a cabo dicho ejercicio? ¿Cómo quedarían los responsables de elaborarlo, y el que lo autoriza en cada uno de esos países? ¿Cómo se vería reflejada la realidad cotidiana en materia económica y política, social y educativa en las intervenciones públicas de gobernantes y funcionarios de esos países?

¿Qué aparecería en los discursos y cómo, con qué frases, de la miseria y la marginación, y del atraso estructural y la corrupción? ¿Por qué no incluir algún anexo del discurso de los panegiristas oficiosos, de esos que la sabiduría popular llama los glúteos veloces?

Ante la imposibilidad de un análisis de contenido completo, tomo un ejemplo sencillo y reciente de discurso oficial el cual, desde mi punto de vista, refleja objetivamente —en cuatro muy pequeños párrafos de una intervención pública reciente de un gobernante latinoamericano—, lo que es su gobernación.

VEAMOS PUES ESOS PÁRRAFOS:

Hace unas semanas, en la última actualización de sus perspectivas de la economía mundial, el Fondo Monetario Internacional afirmó que ante el débil repunte del crecimiento mundial, las economías están obligadas a realizar reformas estructurales. / Afortunadamente, xxxxxx se ha adelantado en este proceso, lo que nos abre una gran ventana de oportunidad, que debemos aprovechar. / Mientras otras naciones apenas inician diagnósticos y buscan concretar acuerdos políticos para posibles reformas estructurales, en xxxxxx ya estamos aplicándolas. / Esto es un gran diferenciador, que se está traduciendo en una economía que crece, que atrae inversiones y que genera empleos.

¿Qué debe hacer el país ahí dibujado? ¿Esperar al mundo a que haga lo que él, o como algunos recomiendan, que siga por el camino de la modernidad estructural que lo define hoy? Sin embargo, ¿no convendría esperar a sus principales socios comerciales? ¿Se imagina dejar más atrás aún, a los ya atrasados en materia de reformas estructurales: Alemania, Canadá, Chile, España y Estados Unidos?

¿Qué sentirán los habitantes del país ahí dibujado, al ser la vanguardia en materia de reformas estructurales? ¿Imagina usted el nivel de la calidad de vida en todos sentidos, que disfrutan sus habitantes? ¿El orgullo legítimo por ese logro, los llenará de soberbia y verán con desprecio a alemanes, canadienses, chilenos, españoles y estadunidenses?

¿Ya sabe qué país se dibuja ahí? Piénsele, piénsele.

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Source: Excelsior

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