El pan dulce podría alcanzar un nuevo reconocimiento en la capital mexicana, luego de que avanzara la propuesta para declarar sus saberes y prácticas como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Ciudad de México.
La iniciativa busca preservar una tradición que forma parte de la vida cotidiana y de la identidad de numerosas familias.
Una tradición que trasciende
La propuesta fue presentada por la Cámara Nacional de la Industria Panificadora, Pastelería y Similares de México (Canainpa) y la Secretaría de Cultura ante la Comisión Interinstitucional del Patrimonio Cultural, Natural y Biocultural de la Ciudad de México.
El planteamiento recibió aprobación unánime para continuar con el proceso de declaratoria, un paso que la organización calificó como trascendental por reconocer el valor histórico, gastronómico y social de esta expresión.
Más allá de su presencia en desayunos, meriendas y reuniones familiares, el pan dulce representa conocimientos, técnicas y formas de elaboración transmitidas entre generaciones.
El eventual reconocimiento al pan dulce también busca contribuir a la preservación del oficio panadero y dignificar el trabajo de quienes mantienen vivas estas prácticas.
¿Qué implica ser patrimonio cultural inmaterial?
La Unesco establece que el patrimonio cultural inmaterial comprende expresiones y conocimientos vivos que las comunidades transmiten de generación en generación.
En esa categoría pueden encontrarse tradiciones orales, celebraciones, rituales, conocimientos relacionados con la naturaleza y técnicas artesanales.
Para que una manifestación forme parte de este patrimonio debe mantener un vínculo con la comunidad que la practica y poseer características como ser tradicional, contemporánea y viviente al mismo tiempo; integradora, representativa y basada en la comunidad.
Bajo dicha perspectiva, la propuesta relacionada con el pan dulce no se limita al alimento, sino que busca proteger los conocimientos, prácticas y vínculos sociales que existen alrededor de su elaboración y consumo.
El proceso de declaratoria abre así una oportunidad para reconocer una expresión gastronómica que forma parte de la memoria colectiva de la capital.










