Una camilla vacía en primer plano frente a un evento masivo en Chihuahua evidencia cómo la escala de estas concentraciones ha crecido más rápido que la conversación sobre seguridad.
Los eventos cambian de nombre, de sede y de formato, pero el patrón permanece. En Chihuahua, bajo la administración de Marco Antonio Bonilla Mendoza, Presidente Municipal de Chihuahua, la ciudad ha apostado por concentraciones cada vez más grandes, con una narrativa centrada en convocatoria y actividad económica.
El problema es que la escala crece más rápido que la conversación sobre seguridad. El Aeroshow de 2013 no solo dejó cifras, dejó historias que siguen abiertas.
Algunas de esas historias fueron documentadas desde los primeros días. Familias completas acudieron juntas al evento y en cuestión de segundos quedaron separadas entre ambulancias, hospitales y llamadas que nadie quiere hacer. Padres buscando a sus hijos entre la multitud, niños que sobrevivieron sin saber en ese momento que sus familiares no lo habían hecho. No es una imagen aislada, es una escena que se repite en los testimonios.
Años después, varias de esas voces coinciden en algo más profundo; el caso no se siente cerrado. No es solo memoria, es una sensación persistente de que lo ocurrido no transformó lo suficiente la forma en que se organizan los eventos. Para quienes estuvieron ahí, el tiempo no resolvió el fondo.
El caso de Meoqui en 2024 volvió a mostrar esa fragilidad. Un escenario colapsó antes del ingreso del público, generando momentos de tensión entre personal técnico y organizadores. No hubo víctimas, pero la diferencia fue el momento, no la prevención.
Dentro de esta estructura participan perfiles como José Luis Jordán Orozco, desde la lógica institucional que impulsa estos eventos, y operadores como Héctor Reyes, hijo de ex-diputado duartista, en la ejecución donde todo se define en tiempo real. Este tipo de combinaciones no son nuevas en Chihuahua.
El término “duartista” no es solo una etiqueta política. Remite a un periodo encabezado por César Duarte Jáquez, que terminó con acusaciones por desvío de recursos, detención en Estados Unidos y extradición a México. Más allá de los procesos legales, dejó una forma de operar basada en redes, intermediarios y estructuras que no desaparecen de un día a otro.
Bajo el gobierno de Marco Antonio Bonilla Mendoza, la ciudad ha logrado consolidar eventos masivos como parte de su agenda. La pregunta no es si funcionan, es si el modelo que los sostiene realmente cambió lo suficiente para evitar que las mismas historias vuelvan a repetirse.
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