Categorías: Política

Se dispersa el voto conservador

Columna publicada originalmente por Excélsior

POR IGNACIO ANAYA

Ciudad de México, 5 Marzo.- México ha sido un país predominantemente conservador, arraigado a sus tradiciones. Las propuestas de cambio político o cultural gene­ran dudas y temor en millones de personas. Se trata de un sentimiento colectivo sensible ante la fe, la sexualidad binaria y la moral pública.

Como valor, el conservadurismo equilibra la modernidad. Sus preceptos se cultivan en la familia, las escuelas y las religiones. Sus princi­pios no están distanciados del desarrollo ni de la productividad. Por el contrario, son una for­ma particular de entender la vida social, como existen muchas más.

Por eso el conservadurismo se ha convertido en fortaleza electoral para muchos partidos. Por eso siempre hay candidatos que buscan congra­ciarse con el halo conservador de la nación. Por eso sus valores llegan al Congreso.

En las elecciones presidenciales de este año, sin embargo, el bastión electoral que representa el conservadurismo no parece ocupar la agenda de los partidos de derecha, como habitualmente sucede. Tanto el Partido Acción Nacional (PAN) como el pequeño Partido Encuentro Social (PES) van separados, en alianza con partidos y cuadros de izquierda. La lógica diría que se necesitan mutuamente para fijar posiciones ideológicas. Pero no, no está sucediendo así. La lógica no está definiendo el actual proceso electoral, donde poco importa la ideología. La tentación del poder supera lealtades, valores y tradiciones, particularmente dentro del PAN que, desde 1939, había albergado al mayor número de militantes y cuadros conservadores. La lucha del panismo fue tenaz durante dé­cadas; enfrentó la adversidad del aparato de Es­tado, al que logró vencer en 2000 con el triunfo presidencial de Vicente Fox Quesada. Sin embar­go, a partir de ese momento -y por irónico que resulte porque lo dicen ellos mismos- al tiempo que ganaron el poder perdieron al partido.

Seis años después de memorable triunfo electoral que sacó al PRI de Los Pinos, inició una nueva lucha intestina y facciosa por la si­guiente candidatura presidencial. Felipe Cal­derón Hinojosa fue el ganador, lo que provocó deserciones y la distancia de Fox Quesada una vez que entregó el cargo. Doce años después la cúpula blanquiazul no pudo repetir la hazaña. Una nueva confrontación interna y la candida­tura competitiva del priista Enrique Peña Nieto les hizo perder lo ganado.

Ahora, 18 años más tarde, de nueva cuenta la disputa por la candidatura presidencial ge­nera rupturas. El actual candidato presidencial, Ricardo Anaya Cortés, entendió que solo podría ganar en coalición con otras fuerzas, así fueran ideológicamente diferentes: el izquierdista Par­tido de la Revolución Democrática y el socialde­mócrata Movimiento Ciudadano que aceptaron la invitación.

Este pragmatismo acentuó la crisis blan­quiazul, generando la salida del ex presiden­te nacional del PAN, Germán Martínez, quien se sumó al proyecto de Andrés Manuel López Obrador, que por cierto ha sido respaldado en los últimos años por otro expresidente del CEN panista, Manuel Espino.

¿A dónde se fueron los panistas resentidos con Ricardo Anaya? Algunos cuadros migraron a Morena, otros al PRI y también al PES. En­tre las deserciones relevantes destacan la de Margarita Zavala y la de María Luisa Calderón Hinojosa, esposa y hermana del ex presidente Felipe Calderón, respectivamente. La primera es candidata independiente a la presidencia y la segunda, abanderada por una diputación fe­deral en Michoacán.

El desgrane del panismo no sólo es político, también es ideológico. La mejor prueba es la de­cisión del senador ultraconservador por Jalisco, José María Martínez, de sumarse al proyecto de López Obrador, coalición a la que igualmente están llegando militantes y cuadros panistas de varias entidades.

En el caso del PES, heredero del sinarquismo y ahora con un perfil abiertamente cristiano, no deja de sorprender que el mismo pragmatismo de sobrevivencia por el cual el PRD se sumó al PAN, lo reproduzca el PES ante López Obrador, ya que muchos de los cuadros ideológicos de Morena están alineados con principios de la izquierda tradicionalmente rechazados por la derecha.

La sorpresa es que en esta coyuntura tanto el PAN como el PES, al formar parte de coaliciones que se reparten posiciones y candidaturas, soli­citen a sus militantes y cuadros sufragar en favor de propuestas ideológicas contrarias a las suyas.

El conservadurismo no va a desaparecer. Este 2018 votará disperso y seguramente definirá el resultado de la contienda. La pregunta es: ¿con quién seguirá en adelante?

ReporteDMX

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