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Sismos de septiembre de nuevo la sociedad civil

Columna publicada originalmente por Excélsior

POR IGNACIO ANAYA

Ciudad de México, 2 Octubre.- Regresó el espíritu masivo de movilización y autogestión ciudadana. De nueva cuenta el punto de quiebre lo han provocado terremotos que en lugar de opacar impulsaron este despertar cívico, formidable por cuanto surge al margen de los partidos políticos.

Y eso es lo que debe subrayarse: se trata de un fenómeno social que ya empezó a modificar la disputa electoral por la presidencia de la república. Uno de sus primeros efectos ha sido el cuestionamiento del excesivo presupuesto destinado a partidos y campañas, lo que ha traído como respuesta inicial, de los mismos partidos, propuestas para usar esos millonarios recursos en tareas de reconstrucción.

En 1985 los terremotos liberaron la misma energía ciudadana que impulsó un reacomodo de las fuerzas políticas, de hecho supuso la cuenta regresiva para el PRI, lo que pudo documentarse con las elecciones de 1988.

¿A dónde irá ahora esta nueva bocanada de vitalidad ciudadana? ¿Seguirá los pasos de hace 32 años para incidir electoralmente? ¿Estamos frente a una nueva semilla que crecerá exponencialmente por encima del sistema político mexicano y sus partidos?

A distinguir. Una cosa es el epicentro sismológico y otra el epicentro social que de nuevo brota en la Ciudad de México, donde sus habitantes están muy bien comunicados y cuentan con recursos que les permiten actuar ante emergencias. Por eso se formó un río con decenas de miles de voluntarios que inicialmente acudieron a salvar vidas, respaldar equipos de rescate o pedir y distribuir despensas, pero que después se direccionó en favor de la inclusión, de esa necesidad cívica para no dejar a nadie fuera del rescate, exigir mayor capacidad operativa de las autoridades, demandar justicia ante la corrupción que habría propiciado derrumbes o daños patrimoniales y denunciar de manera particular el tradicional tufo de oportunismo político que, nuevamente, se presentó.

Tan impresionante ejercicio de coordinación y crítica, sin embargo, tiene su peculiaridad: ahora el desplazamiento cívico ha sido más amplio; ha tenido eco en otras ciudades, incluso donde no provocaron daños los movimientos telúricos.

Por todo ello, más allá de la solidaridad innata que nuestra especie siempre despliega cuando se siente en peligro, surgen preguntas básicas: ¿qué motivó la respuesta de decenas de miles de jóvenes en varios centros urbanos? ¿Estamos frente al inicio de un muy singular “Verano Mexicano”? ¿Puede esta respuesta espontánea crecer como bola de nieve?

A diferencia de 1985, ahora el sentir ciudadano ha quedado resguardado no solo en la memoria individual sino también en los videos, fotografías y audios recogidos individualmente por una juventud que se ha tomado en serio el papel emergente de salvar vidas junto al anhelo de meterle orden al país. Los dispositivos móviles fueron determinantes para dirigir y coordinar esta movilización.

Pero hay más aristas qué observar. Una es la interacción de jóvenes profesionistas y universitarios con otros jóvenes insertados en realidades socioeconómicas distintas. La otra es esa formidable solidaridad de las nuevas generaciones hacia poblaciones mayores y permanentemente olvidadas en distintas entidades federativas afectadas por los sismos de septiembre. Este encuentro de realidades e intergeneraciones constituye, de suyo, un fenómeno sociológico novedoso, ya que entre los elementos destacados figura el vínculo horizontal de estratos que de otra manera difícilmente habrían interactuado.

¿Qué sigue tras las primeras dos semanas de esta movilización? Algunos puntos que requieren atención, no sólo para el análisis gubernamental o político sino también para el enfoque editorial en los medios de comunicación son los siguientes:

  • Las y los jóvenes mostraron resistencia a comunicarse con las Fuerzas Armadas a quienes el Estado otorgó la autoridad para coordinar rescates y distribución de apoyos.
  • Importantes segmentos de voluntarios expresaron y siguen manifestándose en contra de las formas con las que la autoridad ha enfrentado la emergencia.
  • Los partidos políticos quedaron marginados por la avalancha ciudadana y sus líderes opacados en la opinión pública.
  • Las noticias falsas no desaparecieron. De hecho intervinieron y confundieron a los propios rescatistas y voluntarios.
  • Los medios de comunicación requieren revisar sus protocolos de cobertura en contextos de crisis para identificar dónde son genuinos los movimientos sociales y cuándo se trata de contenidos no certificados.
ReporteDMX

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