Madres buscadoras, la otra cara del 10 de mayo en México

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Si bien el 10 de mayo es motivo de celebración, no todas las madres pueden festejar su día como quisieran, ya que muchas de ellas, han perdido a sus hijos en su mayoría por desaparición forzadas y el Día de Las Madres, pasa a un segundo término.

La organización y búsqueda histórica de las madres de las personas desaparecidas en México comenzó con las detenciones-desapariciones en contra de disidentes políticos, perpetradas por el Estado Mexicano entre las décadas de los años sesenta y ochenta en la llamada Guerra Sucia.

En este contexto de violencia, las familias y madres de personas ejecutadas, detenidas, desaparecidas se vieron obligadas a salir de su cotidianidad para insertarse en una lucha por la búsqueda de sus seres queridos y exigencia de justicia, dando paso a organizaciones dedicadas a tal fin en todo el país.

Nada que celebrar este Día de las madres, para quienes buscan a sus hijos aunque sea en huesos

Este Día de las Madres ellas no celebran. Con un dolor en el corazón, ellas siguen buscando, siguen arañando la tierra y el desierto preguntándose si en la próxima fosa de Sonora encontrarán los restos de sus hijos.

“Es muy triste no saber dónde están, ni qué les pasó, lo que haya pasado, lo que quiere una es encontrarlos. Como todas las madres decimos, aunque sea un puñado de huesos, pero los queremos encontrar”, dice Linda Hernández.

Su hijo Jorge desapareció en 2019 en Nogales, lo último que supo su familia es que fue a trabajar, pero jamás volvió. Desde entonces, él pasó a pertenecer a la catastrófica cifra de personas desaparecidas en México.

El informe que dio a conocer el Comité contra las Desapariciones Forzadas de la ONU hace unos días reflejó que la impunidad es uno de los factores que ha potenciado la desaparición de personas en los últimos 15 años.

Hasta el 26 de noviembre del año pasado, solo se judicializó entre el 2 y el 6 por ciento de los casos y a nivel nacional solo se han emitido 36 sentencias en contra de este delito.

Aún sin respaldo y pese a las múltiples adversidades, las madres no han cedido ni planean hacerlo pues ven al colectivo como un medio para resignificar su existencia.

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